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Lo que tenes que saber de la realidad económica Argentina.

PERIODO DEL 14 mayo, 2021

La inflación, el flagelo de trabajadores y ahorristas argentinos

Otro mes complicado para los precios

Tras el salto inflacionario en marzo de 4,8%, el nivel general de precios se expandió 4,1% en abril o 62% anualizado, mientras que el alza en 12 meses fue de 46,3%. Por su parte, en el período enero-abril el costo de vida trepó 17,6%, marcando la segunda variación más alta desde 2007 (solo superada por el acumulado de 19,6% en 2016).

Si bien hubo un menor ritmo mensual contra marzo, el registro fue el más alto para un cuarto mes del año desde 2016. En aquel entonces había trepado 6,1% tras la salida del cepo cambiario. Vinculado con la dinámica del dólar, la inflación de abril no cedió a pesar de que el tipo de cambio oficial se deslizó solo 1,7% mensual (vs. 2,4% en marzo).

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Mirando en detalle, el componente núcleo, que no comprende estacionales ni regulados, marcó 4,6% en abril o 71,5% anualizado. Desde febrero, la core, que representa más del 70% de la canasta del IPC, muestra niveles preocupantes ya que avanza por encima del 4% mensual (60% anualizado). Incluso, el dato de abril es superior al promedio de los últimos 6 meses (4,2%). Año contra año, la inflación núcleo trepó 49,8% anual.

Por su parte, los precios de productos estacionales avanzaron 2,2% mensual, lo que equivale a un recorte de 5 p.p. respecto a marzo. En la comparación interanual, se expandieron 63,6%, y lideraron así la suba de los componentes del IPC en 12 meses. Hace ya un año que los estacionales crecen holgadamente por arriba del 60% anual. 

En la retaguardia, los precios regulados escalaron 3,5% en el mes incentivados por aumentos en prepagas, naftas y transporte en CABA. Año contra año, subieron 27,6%, mostrando la mayor variación en 11 meses. No obstante, este componente continúa rezagado ya que se encuentra 19 p.p. por debajo del nivel general. Con respecto a los estacionales, la diferencia asciende a 36 p.p.

El rubro que mayor variación mensual presentó fue Indumentaria (6%). Desde diciembre de 2019, los precios de dicho segmento se expandieron 96%, conformando la categoría más inflacionaria. En este sentido, las trabas a las importaciones habrían fogoneado los precios internos debido a una menor disponibilidad de productos. 

Cabe una mención especial para Alimentos y Bebidas que, a pesar del endurecimiento de los controles a empresas productoras y supermercados, trepó 4,3% en abril (66% anualizado). De esta forma, el registro supera al promedio de los últimos 6 meses (4,2%), y es el segundo mes consecutivo que viaja por encima del 4% mensual. Desde noviembre 2020, el rubro viene presentando una tendencia alcista en la medición anual que creció 46,4%.

Ante esta circunstancia, se encienden las alarmas: la inflación se encuentra totalmente desanclada, más aún, teniendo en cuenta que los “targets” del Gobierno quedaron obsoletos en el primer tercio del año. Para cumplir con el objetivo oficial de que la variación de precios sea 29%, tal como se estipula en el Presupuesto, el IPC debería avanzar 1,2% mensual durante todos los meses hasta fin de año. En tanto, para consolidar un incremento del 31%, como declaró el ministro Guzmán, mes a mes la inflación debería ser de 1,4%. Es decir, los precios deberían crecer a una tasa menor que la observada durante abril y mayo de 2020 (1,5%) cuando regía la cuarentena estricta. 

El gran enemigo del bolsillo

En este contexto de creciente nominalidad de los precios, la recuperación del poder de compra, “uno de los grandes objetivos del 2021”, se aleja cada vez más. Con la inflación viajando a un ritmo por encima del 45% anual, el ingreso de los argentinos se erosiona a diario, condicionando las aspiraciones electorales del oficialismo.

Este deterioro podemos verlo a través de tres indicadores: la remuneración de trabajadores privados (medido por el RIPTE), el salario mínimo, vital y móvil (SMVM) y las jubilaciones mínimas. 

Si bien el derrotero del salario real no empezó este año, la dinámica reciente lo perjudica aún más. Desde 2017, el poder adquisitivo del salario privado está en caída libre. En los hechos, las remuneraciones se hundieron 18% desde entonces. Según el dato más reciente de marzo, los salarios recortaron 7% real anual. Los primeros meses del año dan indicios que la tendencia no se revertiría en todo 2021. Las paritarias, que promediaron 35%, a priori solo alcanzarían para cubrir la inflación de 10 meses en base a la trayectoria de precios del REM. 

A pesar de la desaceleración inflacionaria en abril, el salario mínimo tampoco pudo mantener su poder adquisitivo. Actualmente, se puede comprar 5% menos que hace 12 meses o 13% menos que en diciembre de 2019. De esta forma, un trabajador que hoy gana la mínima se encuentra cobrando, en términos constantes, lo mismo que en 2005. 

El gobierno acordó un incremento del 35% del SMVM con el objetivo de que la población más vulnerable pueda recuperar poder de compra. No obstante, si la inflación se comportara como prevé el REM, en octubre el ingreso mínimo acumularía una pérdida real de 15% desde diciembre de 2019. Pero, cabe mencionar que existe una cláusula de revisión en septiembre. Una particularidad vinculada con esta proyección: en las últimas elecciones que perdió el oficialismo, la remuneración mínima se encontraba 17% por debajo del umbral de diciembre de 2015.

Las jubilaciones tampoco escapan de esta lógica. En abril, el haber mínimo descendió 4% mensual y 12% anual, una vez descontada la inflación. Desde hace 5 meses, los jubilados que cobran la mínima pueden comprar menos bienes que hace un año. Actualmente, el ingreso, en términos constantes, se encuentra en niveles comparables con 2011. Y desde diciembre de 2019 perdió 9% de su poder de compra. Incluso aplicando el aumento programado del 12% en junio, los jubilados no mejorarían en términos reales: la mínima se contraería 9% anual en base a la proyección de precios del REM.

En este escenario de menor poder de compra, sin embargo, el paliativo que el gobierno prefiere aplicar consiste en atrasar el tipo de cambio real o, lo que es lo mismo, dejar que el dólar corra por detrás de la inflación. Esta hipótesis encuentra terreno fértil al considerar que el tipo de cambio real multilateral se encuentra un 20% por encima del promedio de 2011-2015.

El azote de los plazos fijos

En la misma sintonía de la erosión sobre el flujos de ingresos, la inflación también es tirana con los stocks y la riqueza. Y como las inversiones tradicionales son sus víctimas predilectas, hay malas noticias para los ahorristas de plazos fijos.

La tasa de las colocaciones de más de $ 1 millón a 30 días (BADLAR) no puede superar el encarecimiento efectivo del costo de vida desde hace 9 meses. En abril, la rentabilidad anualizada una vez descontada la inflación fue de -14,5%. En otras palabras, una carrera entre la tasa en pesos y la inflación similar a la de abril, pero llevada a 12 meses, arrojaría como resultado que el poder de compra futuro alcanzaría para comprar solo el 85,5% de una canasta de consumo de hoy.

Vista en retrospectiva, la película no cambia demasiado el tono. Desde fines de noviembre de 2019, el retorno directo en términos reales de los plazos fijos fue de -6,2%. Yendo incluso más hacia atrás en el tiempo, los datos son aún más crudos. Desde enero de 2002, luego de salida de la convertibilidad, los ahorros puestos “a trabajar” en colocaciones a plazo (BADLAR) acusaron una pérdida real de 50,5%. Quien confió en el peso hace casi 20 años, hoy no puede comprar siquiera la mitad de los bienes y servicios de aquel entonces. 

Y un dato adicional que, con elocuencia, muestra que la tasa negativa es un fenómeno endémico: desde 1999, la TNA real de los plazos fijos promedió -1,2%, con tasas mensuales negativas (recompensa nominal superada por la inflación) durante el 61% del tiempo. Ante los pies de la fría evidencia, la inefectividad de los plazos fijos se posiciona como un auténtico clásico argentino, casi tan reconocido como el mate o el dulce de leche.

Silenzo stampa desde el BCRA

Al igual que hace un mes, desde Reconquista 266 no hubo reacción. El Comité de Política Económica (COPOM) no tomó ninguna decisión sobre el nivel de la tasa de interés de LELIQ.

Desde hace 15 meses que la tasa de referencia está “congelada” en 38% anual. Aunque durante la primera fase de la cuarentena de 2020 la tasa parecía ser muy “dura” versus una inflación anualizada que llegó a promediar 20% en abril y mayo pasados, hoy la realidad es totalmente diferente. Ya van 7 meses en los que la inflación supera la tasa de referencia con una holgura que va en aumento.

Resulta muy llamativo que no haya ningún tipo de maniobra ortodoxa para quitarle presión a los precios. Por los rendimientos de tasas, precios y dólar, el mejor negocio del año fue comprar mercadería dado que la “armonización” y la parsimonia de las tasas incluso fomentaron un costo financiero negativo en términos reales considerando las expectativas de inflación. 

Es más, tal como advertimos en el pasado, la demanda de pesos este año está operando como un “boomerang”. Ahora está borrando rápidamente todas las prerrogativas que ofreció el año pasado en términos de menor inflación gracias al infrecuente deseo de los argentinos de atesorar pesos por motivos precautorios durante la primera ola de COVID-19. La caída de la demanda de dinero, o el aumento de la velocidad de circulación, complejiza aún más el panorama monetario. Ahora no solo importa la cantidad de pesos (oferta) sino la voluntad e incentivos de la demanda.

A sabiendas de este inexorable efecto, la política monetaria debería ser aún más dura: no alcanza con reducir la base monetaria a fuerza de esterilización e inflación (recortó 19% real en abril), sino que debería trabajar con mayor foco sobre los agregados más grandes, como el M2, que en 2020 creció 35% real y hoy está recortando apenas 1,3% real anual. 

Sin credibilidad ni reputación, el camino más eficaz para empezar a reconstruir la confianza en la moneda es ofrecer una mayor tasa. De lo contrario, la sensación de que los bienes (inflación) y la moneda extranjera (brecha y devaluación) están baratos seguiría siendo un denominador común.

Desde hace un par de meses, la única respuesta que sí se vio desde la entidad monetaria en el terreno de los mecanismos de transmisión fue aplicar un freno de mano al dólar. El ritmo del “crawling peg” de la última semana está cerca de ser de un solo dígito anualizado: marca 11% anual como TEA y 10,4% como TNA. La cosecha récord del sector agrícola y la soja en su máximo de 9 años fueron los grandes facilitadores para engrosar reservas. Pero, a la luz de la persistencia de la inflación y de la inercia, con frenar el tipo de cambio no es suficiente.

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